lunes, 15 de marzo de 2010

MIGUEL DELIBES

[La fotografía precedente es un escaneo de la que figura en la edición de la novela Los santos inocentes del Círculo de Lectores (1985). Adquirí dicho libro en el "Baratillo" de Cádiz, en el verano de 2008, y lo uní al que tengo de la primera edición (1981) con dedicatoria del autor]. (F.R.O.)

Frente a tanta literatura que no nos deja huella alguna, en nuestro imaginario personal y colectivo nos acompañan, desde hace años, las obras de Miguel Delibes con su "hombre", su "paisaje" y su "pasión" correspondientes. Un mundo vital transmitido con la fuerza inigualable de una lengua que él aprendió de las gentes de los pueblos y campos castellanos, según manifestó en muchas ocasiones. Cuando sin gran esfuerzo actualizamos las criaturas a las que dio vida con su pluma, ello es prueba de que tienen mucho de nosotros, de que nos identificamos de algún modo con lo que ellos y sus acciones representan. Unas veces en el mundo rural, otras en el urbano.


[Carta de Miguel Delibes a Florentino Rodríguez Oliva. En ella se alude a la conferencia que pronunció en el auditorio del complejo San Francisco de la Institución Cultural El Brocense de Cáceres, a finales de noviembre de 1982. Cuando iba a comenzar la charla, completamente abarrotado el recinto, se produjo un apagón que duró dos horas. Solucionado el problema, y con el mismo público llenando butacas y pasillos laterales, el novelista pudo disertar sobre su producción narrativa ante los cacereños].

Van tres días que el maestro y amigo Miguel Delibes se nos ha ido para siempre, pero las personas como él nunca mueren. Daniel, Roque, Germán, las Guindillas, el Nini, el tío Ratero, el Pruden, la Simona, Isidoro, Senderines, Mario, Carmen, Eloy, Desi, Cayo, Pacífico Pérez, Azarías, Paco, Régula, Cipriano Salcedo y un sinfín de inolvidables personajes que nos regaló así lo atestiguan.


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